{"id":630,"date":"2017-07-24T11:32:17","date_gmt":"2017-07-24T11:32:17","guid":{"rendered":"http:\/\/azucenagalettini.com\/web\/?p=630"},"modified":"2021-11-10T19:15:09","modified_gmt":"2021-11-10T19:15:09","slug":"memorias-de-una-interprete-3-alondra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/azucenagalettini.com\/web\/blogging\/memorias-de-una-interprete-3-alondra\/","title":{"rendered":"Memorias de una int\u00e9rprete 3: Alondra"},"content":{"rendered":"<p>Siempre me la imagin\u00e9 muy joven, casi una adolescente. Tal vez por la voz, tal vez por esa indefensi\u00f3n que mostr\u00f3 durante toda la llamada, tal vez por mero prejuicio. Su nombre no lo recuerdo, pero s\u00ed el de su hija, Alondra. Siempre voy a acordarme de ese nombre tan alado para un beb\u00e9 que hab\u00eda nacido muy enfermo. \u201cAlondra\u201d, quiz\u00e1 sea la apertura de la \u201co\u201d pero tiene algo de encantamiento para m\u00ed, como si la palabra misma fuera a levantar vuelo.<\/p>\n<p>No s\u00e9 si yo era una int\u00e9rprete especialmente sensible, nunca le pregunt\u00e9 a nadie en cu\u00e1ntas llamadas se puso a llorar en la vida. No recuerdo que en mi caso fueran muchas. Son m\u00e1s las que cort\u00e9 con taquicardia, con necesidad de desloguearme y salir ya del escritorio, casi de mi casa. Pero, trampas de la memoria, tengo la sensaci\u00f3n de que esta fue la primera en la que llor\u00e9, la primera en que me dije \u201c\u00bfy ahora c\u00f3mo sigo?\u201d. No que me sorprendiera las funcionalidades del bot\u00f3n de \u201cmute\u201d, pero no creo que lo haya amado nunca tanto como aquella vez.<\/p>\n<p>La situaci\u00f3n era de un marcado patetismo, s\u00ed, pero eso no era ninguna novedad: una beba reci\u00e9n nacida con una cardiopat\u00eda severa que necesitaba una operaci\u00f3n. Una madre que no estaba yendo a visitar a su hija con la frecuencia que la enfermera que la llamaba consideraba correcta. La mujer, que yo imaginaba una chica, explicaba que el hospital quedaba lejos, que no hab\u00edan medios de transportes p\u00fablicos que la dejaran cerca y que iba s\u00f3lo cuando consegu\u00eda que alguien la llevase. La enfermera le tiraba estad\u00edsticas, la importancia de la cercan\u00eda afectiva en beb\u00e9s reci\u00e9n nacidos para aumentar las posibilidades de que sobreviviera. \u201cElla tiene que querer vivir\u201d, le dijo en un momento, y me imagino, porque no lo recuerdo, que ah\u00ed yo empec\u00e9 a lagrimear.<\/p>\n<p>Pero lo duro no fue eso. Hasta ah\u00ed podr\u00eda decirse que era algo de rutina. Lo duro fue cuando la enfermera, ya algo desesperada, creo, porque la madre no parec\u00eda entender que su beb\u00e9 no ten\u00eda grandes posibilidades de sobrevivir la operaci\u00f3n que iban a hacerle, pas\u00f3 a describirle, con lujo de detalles lo que le iba a pasar a Alondra: iban a llevarla al quir\u00f3fano, dormirla, claro, abrirle el pecho, separarle las costillas con un retractor tor\u00e1cico (y yo casi pod\u00eda escuchar el crac de esos huesos tan peque\u00f1os, tan delicados), y ah\u00ed intervenir en una v\u00e1lvula o algo as\u00ed que ya, francamente no recuerdo. Ante cada nueva cruenta descripci\u00f3n, la madre de Alondra dec\u00eda \u201cah\u00e1\u201d, \u201cah\u00e1\u201d, cada vez m\u00e1s bajito, cada vez m\u00e1s entrecortado, con menos convicci\u00f3n. La imagin\u00e9 llorando por lo bajo, como yo, sin la ayuda del bot\u00f3n de \u201cmute\u201d. Lo terrible para m\u00ed era que no pod\u00eda odiar a la enfermera, su falta de delicadeza era su modo de defender a Alondra, lograr su objetivo: que la madre estuviera ah\u00ed, acompa\u00f1ando a su beb\u00e9, o al menos fuera a despedirse. Tampoco pod\u00eda no sentir empat\u00eda con la madre: conoc\u00eda demasiado bien la falta de recursos de los que hablaba, que para un yanki promedio pod\u00edan resultar excusas menores, falta de voluntad o empuje, pero que yo sab\u00eda que para esa mujer, esa chica, era monta\u00f1as insalvables. No s\u00e9 si se mor\u00eda de ganas de estar al lado de su hija, pero no dudo de que cada descripci\u00f3n de la enfermera le abr\u00eda el pecho a ella, le pon\u00eda un retractor, le clavaba un bistur\u00ed.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A veces me pregunto si Alondra se habr\u00e1 salvado, si ser\u00e1 ahora una nena de \u00bfqu\u00e9?, \u00bfonce a\u00f1os?, corriendo por las calles de Estados Unidos, o ya en el M\u00e9xico de su familia (estamos en la \u00e9poca de la deportaci\u00f3n, al fin de cuentas). No s\u00e9 si eso cambiar\u00eda en algo lo que durante tanto tiempo se qued\u00f3 atrapado en mi memoria, una llamada en que, a diferencia del cine yanki, no es tan f\u00e1cil asignar el papel de buenos y malos. Para m\u00ed Alondra ser\u00e1 siempre esa visi\u00f3n del pecho de un beb\u00e9, abierto con un bistur\u00ed, las costillas diminutas separadas por ese horrible retractor, el sentir c\u00f3mo te abren el pecho en dos. Y ser\u00e1 tambi\u00e9n la fuerza de las palabras para sellar por siempre un nombre con una imagen, la carga de saber que era una voz, mi voz, la que estaba generando eso, que aunque la voluntad no era m\u00eda, las palabras, las inflexiones, las eleg\u00eda yo; toda la responsabilidad que se esconde detr\u00e1s de la aparente inocencia del lenguaje. As\u00ed que pese a lo alado del nombre, \u201cAlondra\u201d tendr\u00e1 para m\u00ed, siempre, el peso de un yunque.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Siempre me la imagin\u00e9 muy joven, casi una adolescente. Tal vez por la voz, tal vez por esa indefensi\u00f3n que mostr\u00f3 durante toda la llamada, tal vez por mero prejuicio. Su nombre no lo recuerdo, pero s\u00ed el de su hija, Alondra. 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